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A poco más de un mes de la elección de la nueva conducción de la CGT, Hugo Moyano y los sectores gremiales enfrentados a su liderazgo protagonizaron ayer fuertes cruces y reproches mutuos, que profundizaron el escenario de división dentro de la central obrera y amenazan con desembocar en una ruptura de la entidad. La imagen concreta del proceso de virtual fractura cegetista será palpable mañana durante las deliberaciones del Comité Central Confederal de la CGT, el órgano encargado de formalizar la convocatoria al congreso de renovación de autoridades del 12 de julio, al que solo asistirán los gremios aliados a Moyano. El frente disidente al camionero oficializará hoy su faltazo masivo a ese encuentro ante la decisión del jefe cegetista de insistir con su proyecto de reelección y rechazar la negociación por la conformación de una conducción de unidad al frente de la central.
En la previa al Confederal desde ambos sectores volvieron a apostar ayer a la política de los gestos y los cruces de acusaciones. El camionero reunió al moyanismo en el camping del sindicato de Setia (textiles) en Esteban Echeverría para mostrar la tropa de aliados gremiales que avala su reelección. Allí se despachó con fuertes críticas hacia el titular de la UOM y principal candidato del antimoyanismo para la jefatura de la CGT, Antonio Caló, por el aumento salarial del 23% que acordó para los trabajadores metalúrgicos e insistió en sus acusaciones contra el Gobierno, al que culpó de “avanzar sobre los derechos de los trabajadores”. “Acá está la mayoría, esa es la pura verdad. Vamos a poner lo que hay que poner, no tenemos miedo”, advirtió Moyano al hablar ante los representantes de un centenar de gremios que respaldan su continuidad al frente de la central sindical. Estuvieron sus aliados de siempre (Juan Carlos Schmid de dragado, el judicial Julio Piumato, Jorge Pérez Tamayo de Apla, el canillita Omar Plaini y sus hijos Facundo y Pablo Moyano), el jefe de Uatre, Gerónimo Venegas, Amadeo Genta (municipales) y un puñado de gremios de poco peso en la interna de la CGT.
Apenas un rato antes de las críticas que recibió del camionero y en un gesto inequívoco de su decisión de competir por el máximo sillón cegetista, el propio Caló lanzó duras quejas contra Moyano, al que acusó de manejar la CGT como si fuera “un patrón”, a la vez que dijo no entender los motivos de la ruptura del líder sindical con el Gobierno. “No puede haber en la CGT un secretario general que sea por unicato: (y que diga) ’yo mando acá, acá trabajo, el patrón soy yo’. Con eso no estoy de acuerdo”, cargó el dirigente metalúrgico.
Caló y el resto de los referentes de los gremios enemistados con el moyanismo (gordos, independientes, barrionuevistas y ex aliados del camionero) intercambiaron ayer diversos contactos con vistas al encuentro que mantendrán hoy en la sede de la Uocra, en el que –según anticipan– demostrarán que reúnen “más del 70% de los congresales” encargados de elegir la nueva conducción en julio próximo. “Representamos a la gran mayoría mientras Moyano tiene una triste minoría de fieles, pero sigue empecinado en quedarse con lo pueda para un objetivo estrictamente político, personal y de oposición”, acusó uno de los dirigentes del frente disidente.
El sector prevé aprobar en la cumbre de hoy el texto de un documento en el que volverá a llamar a la unidad de la central y reclamará al camionero trabajar por un proyecto colectivo gremial que evite el desenlace de una nueva fractura de la entidad.


Tras su breve y olvidable paso por las tablas, Jorge Lanata retomó su afición por el vodevil con un sketch, más bien patético, en el que los gerentes de los multimedios opositores, escoltados por varios de sus subordinados, increpan con grititos afónicos a la presidenta para que los atienda en conferencia de prensa y se someta al arbitrio de la corporación mediática, como si ello derivara de un mandato constitucional.

De este modo, un sector del periodismo sigue garabateando páginas penosas en la historia de una profesión que otrora contribuyó al prestigio intelectual y cultural de la Argentina. No se trata, como algunos pretenden, de resguardar la libertad de expresión, que jamás ha sido tan amplia e irrestricta como ahora. Los balbuceadores del Que-re-mos- pre-gun-tar añoran la colonización que ejercían los medios hegemónicos sobre la agenda pública para condicionar, así, a los sucesivos gobiernos y generar, de paso, gigantescos negocios.

Lo que está en curso no es, como algunos relatan, la epopeya de una prensa perseguida por un poder despótico, sino la resistencia de un gobierno democrático al apriete de los medios autoritarios.

Desairados por la decisión de una presidenta que no les pide permiso para gobernar, los personeros multimediáticos invocan la ausencia de ruedas de prensa para hostigar al gobierno. Algunos, fatuos, se imaginan fiscales de la República; otros, más pragmáticos, se conforman con preservar la pauta publicitaria de sus programas.

Unos y otros desechan principios elementales de la buena práctica periodística, de la ética e incluso de la estética. Esa abdicación era ya penosa; con la puesta en escena del domingo, han irrumpido de lleno en el grotesco.

Moyano – Calo

La CGT deberá elegir sus nuevas autoridades el 12 de julio. Hugo Moyano y Antonio Caló surgen como los principales candidatos. Pero existen riesgos de fracturas internas.

La gran cita es el jueves 12 de julio en el microestadio de Ferro. Por medio del voto directo y secreto, ese día, los delegados de los sindicatos que componen la Confederación General del Trabajo elegirán las nuevas autoridades de su Consejo Directivo. A poco más de dos meses de ese congreso, las posiciones de los distintos sectores en pugna comienzan a explicitarse, aunque los niveles de incerteza continúan siendo altos. Además de la presencia, hasta el momento, de dos postulantes con posibilidades reales -el actual secretario general, Hugo Moyano, va por su reelección; y el dirigente metalúrgico Antonio Caló expresó su intención de sucederlo -, los riesgos de fractura y eventuales desprendimientos permanecen latentes.

Moyano dio un paso en firme con la reunión del Consejo Directivo del último 24 de abril, en la que obtuvo el quorum necesario para avanzar con el proceso eleccionario. Allí se convocó al Comité Central Confederal (CCC) para el 23 de este mes, que deberá aprobar la fecha del Congreso y, además, admitir -o no- la incorporación de una treintena de gremios de diversas actividades que aspiran a integrarse a la CGT. Esas altas, sin embargo, podrían redundar en impugnaciones legales de los sectores contrarios al moyanismo, como anticipan algunos expertos en derecho laboral.

Pero los escollos que deberá sortear Moyano no provienen sólo de las filas del sindicalismo, sino que también radican en su conflictiva relación con el gobierno nacional. En ese sentido, pareció haber algunos gestos de distensión en los últimos meses. El 8 de febrero, el secretario general de la CGT fue invitado -y asistió- al acto en el que la presidenta Cristina Kirchner anunció la desclasificación del Informe Rattenbach. Moyano estuvo sentado en la primera fila, junto a otros dirigentes sindicales. Era la primera vez que asistía a un acto público en la Casa Rosada en cinco meses. Luego, decidió adelantar un día el acto del Sindicato de Camioneros en Parque Roca, para que no se superpusiera con la actividad que el kirchnerismo tenía programada para el 27 de abril en Vélez. Algunos dirigentes y funcionarios buscaron aprovechar esas (¿demasiado tibias?) señales para tender puentes entre Moyano y la Presidenta.

Sin embargo, los intentos reconciliadores parecen haber naufragado. Esta semana, el líder sindical volvió a los estudios televisivos y expresó, nuevamente, duras críticas al gobierno nacional. “Molesta mucho la soberbia de Cristina, parece que haber obtenido el cincuenta por ciento le da derecho a cualquier cosa”, sostuvo primero. “El Gobierno no quiere que esté en la CGT porque soy molesto”, agregó, luego.

Los chisporroteos más fuertes habían comenzado a principios del año pasado por la conformación de las listas de candidatos. Algunos sectores cercanos a Moyano impulsaron la inclusión de un postulante a vicepresidente de raíz sindical. “La CGT presiona para poner el vice de Cristina”, jugaba la tapa de Clarín del jueves 17 de marzo. Ese mismo día, se conoció un exhorto emitido por los fiscales suizos pidiendo información sobre causas judiciales de Hugo Moyano, su hijo Pablo y su entorno familiar, ante un presunto depósito realizado en ese país por la empresa de camiones recolectores Covelia.

Finalmente, sólo el metalúrgico Carlos Gdansky y Facundo Moyano, hijo de Hugo, tuvieron un lugar en la lista de diputados del FPV en la provincia de Buenos Aires. A fines del año pasado, Moyano presentó su renuncia como titular del PJ bonaerense.

Si bien reconocen su historia de lucha en los noventa, en el kirchnerismo circula la sospecha de que el actual secretario de la CGT intentaría avanzar con un armado político propio que trascienda el ámbito sindical. Sus aliados, sin embargo, dicen que Moyano es un “peronista ortodoxo” y que no busca convertirse en un nuevo Augusto Timoteo Vandor, el líder sindical que, a fines de los sesenta, intentó encabezar un “peronismo sin Perón”. “Hugo nunca haría algo así, aunque el riesgo es que en el Gobierno sí lean sus movimientos de esa forma”, reconocía a esta revista un referente gremial cercano al camionero hace unos meses atrás.

Ante estas tensiones, comenzaron a surgir distintos aspirantes a ocupar el sillón de Moyano. Y las acciones de Antonio Caló picaron en punta. Esta semana, el dirigente metalúrgico ratificó sus intenciones de postularse como secretario general. “Creo que lo más saludable es que se haga una elección democrática y libre. El que gana, conduce; y el que pierde, acompaña”, indicó.

Varios de los sindicatos de mayor peso y antigüedad, reconocidos como los gordos, ya pautaron una reunión para el lunes 7, en el sindicato de Luz y Fuerza. Allí comenzarán a evaluar la estrategia que desarrollarán con vistas al 12 de julio. En off, se muestran optimistas y estiman que tienen la mayoría necesaria para imponer al nuevo secretario. También adelantan un eventual respaldo a Caló; pero dejan entrever que siguen evaluando otras candidaturas alternativas. Desde los sindicatos cercanos al actual líder de la CGT, relativizan el poder de los gordos. “Si en los noventa no defendiste a los laburantes, tu organización no va a ser lo que era antes. Y los nuevos sindicatos, ligados a nuevas formas de trabajo, están vinculados al moyanismo”, explican.

Más allá de las estimaciones previas y de los dardos cruzados, desde ninguno de los sectores descartan una fractura de la central obrera más grande de la Argentina. Claro que ubican las “responsabilidades”, siempre, en el bando contrario. Desde el moyanismo sostienen: “Vamos a una fractura, porque ellos no juntan ni de lejos la cantidad de congresales para ir a una compulsa. Y, con el voto secreto de los delegados, hasta desconfían de sus propias estructuras”. Pero también abren, con sorna, la posibilidad de la reunificación. “Tal vez, ante la imposibilidad de quedarse con la secretaría, terminen votando a Moyano. No sería distinto de lo que viene sucediendo hasta ahora”, ironizan. Los gordos tampoco descartan un posible escenario de ruptura para luego del 12 de julio. “Resultaría muy representativo del estado actual de cosas”, dicen. Y no dudan en dividir las aguas: por un lado, el moyanismo; por el otro, el resto, entre los que se incluyen.

“No creo que se llegue a la votación en julio”, señala un experimentado abogado laboralista, que observa como “muy improbable” que se acuerde una única lista. La única chance de que eso ocurra, según su perspectiva, es que Hugo Moyano decline la posibilidad de su reelección. Pero reconoce que no hay un candidato fuerte, además de Moyano, que pueda generar un amplio consenso. Ante ese escenario, considera que puede darse “un festival de impugnaciones” antes del congreso. Las objeciones, explica, provendrían por las divergencias que se generen en torno a la cantidad de delegados que le correspondería a cada gremio y por el intento de habilitar la participación en el Congreso de una serie de nuevos sindicatos.

“Se viene una etapa de mayor división en el movimiento sindical”, avizora, no sin tristeza. Pero explica que esa dispersión expresa, en realidad, un mayor distanciamiento de los sindicatos con las bases. “Hoy el grueso de los trabajadores se muestra desentendido de lo que ocurre en los sindicatos”, afirma. En ese sentido, menciona la aparición cada vez mayor de comisiones internas de delegados y cree que esas señales preanuncian una fuerte renovación a mediano plazo. “Aunque se viene gambeteando, se vuelve cada vez más probable una reforma de la ley de asociaciones sindicales”, reconoce, y recuerda que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ya se pronunció sobre la necesidad de modificar los artículos 29 y 30 de esa ley, que impiden la formación de sindicatos por empresas u oficios. Además, vaticina que la Corte Suprema puede arrojar novedades en ese sentido en el mediano plazo. “El riesgo de esa dispersión es que el movimiento sindical, en su conjunto, termine perdiendo peso”, advierte.

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Para la proxima eleccion de autoriadades nacionales y locales, se renuevan las secretarias de la Seccional General Pico del Sindicato La Fraternidad.
Delegado Gremial. AMBROGGIO EDER

Secretario Seccional: GARRONE JAVIER

Secretario Administrativo: FORNEMO PABLO

Secretario de Actas: VALLE CESAR

1° Vocal; STEMPHELET HUGO

2° Vocal; BOGARIN MARIO

Suplente Secretario Seccional: ALVAREZ RUBEN OSCAR PEDRO

Suplente Secretario Administrativo: FELIX RUBEN ATILIO

Suplente Secretario de Actas: CUÑADO CESAR

Suplente 1° Vocal: FELIX JORGE ANTONIO

Suplente 2° Vocal: ACOMO DANIEL

Sub Delegado Dotación Catrilo: TINEO JUAN PABLO.

Suplente Sub Delegado Dotación Catrilo: VALLE LUCAS

Sub Delegado Dotación Gral. Villegas: ROSALES MARIO

Suplente Sub Delegado Dotación Gral. Villegas: CASTIGNANI EDUARDO

Que cada primero de mayo sea para nosotros un altar levantado en cada corazon para revivir la memoria de los que murieron en defensa de los pueblos .
Juan Domingo Peron

YPF es Argentina

Yrigoyen fue el primer presidente en comprender en su real significado la trascendencia de la cuestión sobre el manejo petrolero y, especialmente, la importancia de su explotación exclusiva y soberana por parte del Estado Nacional.

Por Diego Barovero

Tiempo Argentino

20/04/2012

El descubrimiento del petróleo argentino en 1907 dio origen a una política nacional sobre los yacimientos; el presidente conservador José Figueroa Alcorta decretó la creación de una reserva estatal sobre los mismos, utilizando para ello la Ley de Tierras. Luego Roque Sáenz Peña, a instancias de su ministro de Marina Sáenz Valiente, creó en 1912 la Dirección General de Explotación de Petróleo de Comodoro Rivadavia.

Al frente de esta repartición, el Ing. Luis Huergo denunció en 1913 las maniobras de la Standard Oil tendientes a impedir la explotación estatal, mediante la obtención de concesiones sindicalizadas e inoperantes temporariamente, que abarcaban gran parte del territorio nacional y la casi totalidad de los territorios nacionales, en especial la Patagonia.

Las maniobras para extranjerizar la extracción y explotación de nuestro petróleo fueron revertidas por el presidente radical Hipólito Yrigoyen, a quien debe reconocerse además como autor estratégico de una política petrolera con sentido nacional y estatal, circunstancia que se puso de manifiesto en la decisión de fundar Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) en 1922, casi sobre el final de su mandato.

Es que Yrigoyen fue el primer presidente en comprender en su real significado la trascendencia de la cuestión sobre el manejo petrolero y, especialmente, la importancia de su explotación exclusiva y soberana por parte del Estado Nacional, en cuanto a la captura de las rentas derivadas y su inversión en pos de la elevación del nivel de vida de los desposeídos, el crecimiento industrial con su paralela ruptura del modelo de la dependencia no competitiva vigente hasta entonces y la ocupación efectiva del territorio nacional en base a la explotación integral de los hidrocarburos.

Sostenía Yrigoyen: “A fin de evitar que se repita lo ocurrido con el suelo fiscal y conservar los beneficios del petróleo para el pueblo de la República, es menester organizar un régimen legal que consulte las exigencias del interés de la Nación, poniendo en manos del Estado el dominio efectivo de los yacimientos petrolíferos y confiriéndole el monopolio de su explotación y comercialización.”

Interesa señalar que los lineamientos de política energética enunciados por Yrigoyen siguen vigentes en la mayoría de los países del mundo; ya que como se sabe, el petróleo es un bien estratégico vinculado a los intereses vitales de las naciones.

La acción de Yrigoyen, de su continuador en la presidencia, Marcelo T. de Alvear, y del coronel ingeniero Enrique Mosconi, el primer director de YPF, permitieron que el 1 de agosto de 1929 se concretara la toma del mercado de los combustibles líquidos.

Fue la culminación de un sueño soberano.

Mosconi afirmaba: “El 1 de agosto de 1929 es una fecha memorable en la organización económica de la Argentina y por ende de la América del Sud (…) Un siglo antes se inició en el Plata el proceso de la independencia política de América Latina, en aquella campaña heroica que hizo sus primeras armas en San Lorenzo, tomó cuerpo en Chacabuco y Maipú y, luego de pasar por Lima, termina en Junín y Ayacucho, cerrando allí el período de dominación de España en el Nuevo Mundo. Pues bien, a semejanza de aquel gran movimiento continental que dio independencia política a nuestro continente, se encuentra en marcha el movimiento que terminará conquistando la independencia

económica para nuestra América.”(…) “El primer capítulo tiene realización feliz en Buenos Aires el 1 de agosto de 1929, fecha en que nuestro país rompe los trusts petrolíferos que hasta entonces impusieron sus exigencias y da a la América Latina el ejemplo y el impulso inicial del movimiento que se ha transmitido a algunos países

hermanos, México, Colombia y Uruguay, entre ellos, y que se propagará irremisiblemente a los demás pueblos de nuestra raza, hasta el establecimiento de la independencia integral de Sud América.

Esta visión no encuentra fantasía ni ultra optimismo como parecía en el año 1922, cuando anunciamos que en nuestro país abatiríamos los trusts, proyecto que se imaginó fantástico pero que fue realidad magnífica siete años después.”(…) “desde el 1 de agosto de 1929, fecha en que los trusts inglés y norteamericano quedan definitivamente rotos en nuestro país, los habitantes de la República no sufren más imposiciones que las emanadas de su propio gobierno que decide libre de injerencias extrañas en todo lo relativo al combustible líquido y empiezan a volcarse tierra adentro los millones que hasta entonces tomaban el camino del mar”(…) “La República Argentina se ve libre de

todo peligro y acechanza que pudiera perturbarla o detenerla en su marcha a su futuro engrandecimiento y bienestar.”

Quedaba pendiente la segunda parte del Plan de Yrigoyen y Mosconi: la nacionalización del petróleo y la expulsión definitiva de los trusts internacionales; no cuesta mucho entender la injerencia de las petroleras privadas extranjeras en el golpe del 6 de septiembre de 1930.

La Ley de Nacionalización que no pudieron conseguir Yrigoyen y Alvear se plasmó en el artículo 40 de la Constitución Nacional de 1949.

El autor del mencionado artículo fue el miembro informante de la mayoría de la Comisión Revisora de la Constitución Arturo Sampay, destacado constitucionalista, a quien junto con el presidente de la Convención –y también gobernador de la provincia de Buenos Aires Domingo Mercante– se debe su inclusión. “Los minerales, las caídas de agua, los yacimientos de petróleo, de carbón y de gas, y las demás fuentes naturales de energía, con excepción de los vegetales, son propiedades imprescriptibles e inalienables de la Nación…”

Decía Sampay: “No puedo menos que recordar con emoción a aquel gobernante argentino, Hipólito Yrigoyen, que pocos meses antes de su derrocamiento decía ‘que el

subsuelo mineral de la República no puede ni debe ser objeto de otras explotaciones que las de la Nación misma’.”

Esos lineamientos trascendieron las diferencias partidistas, a través de varias décadas en la República Argentina, hasta el advenimiento de la gestión peronista de Carlos Menem, y desde entonces han continuado casi sin interrupción hasta la decisión presidencial anunciada por Cristina Fernández al intervenir la empresa, cuyo paquete accionario

mayoritario detenta una empresa privada española, y enviar un proyecto de ley al Congreso para recuperar YPF y la renta hidrocarburífera para la Nación.

La existencia de una YPF nacional estatal le permitió a la Argentina lograr, no solamente un cierto grado de desarrollo económico y equidad social, sino también construir hasta 1989 la casi totalidad de la infraestructura energética –reservas, ductos troncales y auxiliares, represas hidroeléctricas– y vial y la colonización de zonas desérticas como la Patagonia, a la par que permitían el financiamiento de los servicios públicos esenciales, tales como electricidad y transporte.

A todo eso renunció nuestro país a partir de la implementación de una política privatista a ultranza desde los años noventa, cuyos efectos nocivos al interés nacional pueden empezar a ser revertidos a partir de esta acertada política del gobierno nacional.

La revolucionaria medida tomada por Cristina Fernández de Kirchner en función de necesidad de nacionalizar la empresa estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales, en medio de demanda internacional (política de hidrocarburos) lleva -inexorablemente- al intelectual precursor del peronismo, Raúl Scalabrini Ortiz

En mayo del´58 su prédica llevaba más de tres décadas en torno al pensamiento nacional, fundador de Forja (Fuerza Orientación Radical Joven Argentina) en el´35 junto a otro notable como Arturo Jauretche, escribió en el prólogo de la memorable “Historia de los Ferrocarriles Argentinos”, lo siguiente:

“La obra de recuperación económica e independencia integral es la gran tarea cuyo perfeccionamiento el pueblo argentino está esperando”, decía en pleno régimen del gobierno golpista de la llamada “Revolución Libertadora” de Pedro Aramburu e Isaac Rojas, quiénes destituyeron en golpe interno al general Eduardo Lonardi.

“El deseo fervoroso es de los ciudadanos que no están vinculados al capitalismo financiero”, añadía. Y hacía referencia a las empresa de servicios públicos cuando son socavadas y puestas al servicio de intereses extranjeros. La década infame había signado la política nacional y el mundo vivía la influencia capitalista de EE.UU.

Los historiadores de la izquierda nacional Jorge Abelardo Ramos, Jorge Enea Spilimbergo y el siempre vigente Norberto Galasso, coincidieron en la “idea de una construcción política a partir del pensamiento nacional”, decían. Entretanto, cuando se relee a Raúl Scalabrini Ortiz se encuentra hasta un párrafo remitido a la “prensa canalla”:

“Tampoco perturbados por la prédica insidiosa y malsana del periodismo que tiene a su servicio y que sólo aspiran a sobrevivirse a sí mismos en la grandeza anónima de la obra gigantesca que nos ha tocado en suerte acometer a los hombres y mujeres de esta generación”, concluía.

Mucho antes, Juan José Castelli sostenía: “La revolución sólo se hace con revolucionarios”. todo parece que fue ayer.

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