SOBRE AQUELLOS QUE SE DICEN "PERONISTAS" PERO JAMÁS LO FUERON NI SERÁN NI POR ASOMO

Nuestra patria además de padecer un cúmulo de desgracias, obviamente producidas por los mismos argentinos, adolece de la necesaria dosis de lucidez para poder revertir esa realidad. Eso, dicho de otra forma, significa que la materia gris es, dentro de las carencias, tal vez la más ausente en la panoplia de penurias que la agobian.

 

Esta farsa de falsedad absoluta que se autotitula "peronismo", que lo postulan ante los cuatro vientos y lo repiten los estúpidos como una verdad de Perogrullo, con una dirigencia venal, corrupta, mendaz, inservible, miserable, traidora, además de inútil e incapaz. Porque se puede llegar a ser malvado pero capaz, pero cuando se es malvado e incapaz, entonces sí estamos ante un tarado e hijo de p…….

 

La dirigencia argentina que se proclama "peronista" es simplemente un sinsentido, porque ni es dirigencia y mucho menos peronista. De tener un mínimo de decencia, al menos se ruborizarían de su osadía y caradurez.

No sólo desconoce qué es el peronismo, sino que tampoco entendieron un pepino de quién fue Perón.

 

Allí se encuentra el meollo del porqué desde hace 26 años en "democacracia" y 33 años de desencuentros y peleas, no podamos arribar a ningún destino, y mucho menos al de la felicidad del pueblo y la grandeza de la nación.

Sólo en esa ominosa realidad pueden haber existido Menem,  Duhalde, miles de farabutes antes, durante y después de ellos, y como verdadero epítome de lo grotesco, un kirchner y su amancebada "compañera".

 

La pobreza ideológica e intelectual de esa pseudodirigencia, la que se jacta, obviamente para la "gilada", de seguir fielmente los postulados del General Perón, ha llevado a la patria a este merendero de agonía.

 

A Perón no lo estudiaron ni en los resúmenes Lerú. Al menos allí podrían haber encontrado algo que les permitiera zafar como para un cuatro y de casualidad. Lo único que entendieron estos canallas, fue que haciendo la V de la victoria era palmarés suficiente para que se los identificara como discípulos del líder, y por ende merecedores de todas las prebendas y canonjías que tales méritos aseguraban.

 

Esta escoria que ha usufructuado durante décadas las ventajas de los títulos, es la verdadera responsable de la próxima defunción de la Argentina. Es la que ha permitido que se frustren todas las esperanzas, los sueños, las ilusiones de una Patria gloriosa, respetada, admirada y amada.

 

Hoy día, nuestra tierra querida, la que recibimos como un tesoro, es un páramo desolado, yermo, destruido, donde a pesar de conservar sus paisajes maravillosos, vive la pena y la amargura del desamor de sus hijos. Pareciera que ha perdido el deseo de vivir y con su tristeza profunda, inexorablemente arrastrará a todos con ella.

 

Esto no significa ni mucho menos que el resto de la “dirigencia” que no pertenece al peronismo sea un dechado de virtudes, simplemente esa no existe. Ni siquiera puede ser tomada en serio.

Guste o no, mortifique a quien mortifique, la realidad de la Patria pasa inexorablemente por el meridiano del peronismo. Todo lo bueno o todo lo malo que le depare a ella provendrán siempre del peronismo.

 

Es por esa razón, que quien se encuentre incorporado dentro de la estructura del peronismo será para bien o para mal el causante de las venturas o de las desgracias de la Nación. El resto de los hombres que pretendan ser dirigentes, deberán acompañar o entorpecer la marcha de esa fuerza arrolladora que es el peronismo. Nada podrán hacer para evitarlo o impedirlo. O se adaptan o se rebelan, pero de allí no lograrán nada más.

 

Esto por si sólo de ninguna manera quiere decir que sea bueno o malo. Es simplemente la realidad de una característica propia de nuestro pueblo. Porque somos como somos, la vía que nos conduce al paraíso o al infierno es siempre la misma, la del peronismo.

 

Ahora bien, por lo expuesto le cabe a quienes se pretenden peronistas con ansias de dirigencia, ser los más honestos, los más capaces, los más patriotas, los más desinteresados, en síntesis, los mejores en todo, porque caso contrario su defección significará lisa y llanamente el fin de la tierra común.

Es precisamente eso lo que ha ocurrido en las décadas de degradación y postración de la patria.

 

Esa dirigencia es la verdadera culpable de todas nuestras amarguras y penas, la que ha provocado con su codicia, su egoísmo, sus ambiciones mezquinas, su afán de poder, sus negociados y su deslealtad criminal hacia Dios, la Patria y en última instancia a quien juraron falazmente obedecer e imitar, el General Perón, el hundimiento moral, espiritual y físico al que nos encontramos en el presente.

 

Perón poseyó virtudes extraordinarias que lo hicieron único en su especie, no sólo en la Argentina sino en el mundo, y simultáneamente fallas y pecados humanos como todos los que moramos en este valle de lágrimas, pero tuvo por sobre todo la grandeza y la humildad de arrepentirse de sus errores y corregirlos como el más humilde de los mortales.

 

Eso le permitió erigirse en modelo ejemplar, un arquetipo de hombre, de caballero, de soldado y de patriota, un orgullo para quienes nacimos en esta tierra bendita. Aún, a pesar de que el sólo asegurarlo signifique el repudio de quienes lo odiaron más allá de toda lógica y razón. Su redención no sólo le abrió su tránsito a la inmortalidad en la memoria de los argentinos, sino que seguramente a la misericordia divina.

 

Pero sus “hijos”, los que se han envalentonado por siempre de ser sus sucesores, los que se endilgaron el mote de “discípulos de Perón”, han demostrado que esos pergaminos les han sobrepasado sus méritos y sus merecimientos, porque no sólo lo traicionaron a él sino que con su desdicha han traicionado a Dios y a la Patria.

 

Ante la irreversibilidad de los hechos, ante la inminencia de momentos aciagos y terribles para todos los habitantes, ante la presencia de una fuerza maligna enquistada soezmente en la conducción del gobierno nacional, una fuerza perversa y diabólica que se ha propuesto fatídicamente destruir todo ante su eventual retirada, la dirigencia del “peronismo” una vez más es cómplice e intrínsecamente malvada, porque sabiendo lo que debe hacer para lograr el bien común y salvar la Patria , el mismo que Perón ansió hasta la muerte, no lo hace y persiste en transitar el camino equivocado.

 

 

La traición de quien juró lealtad a Dios, a la Patria y en el caso de los dirigentes “peronistas” a Perón, exige que pongan de inmediato las barbas en remojo y vean de reparar el daño cometido con sus miserias,  y guay de aquellos que colaboren en la destrucción del más precioso tesoro que Nuestro Señor nos concedió después de la vida: nuestra tierra amada y bendita por Él.

 

Y por si no se han percatado todavía, ella está agonizando.

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