Por Jorge Giles

Era previsible que el desembarco golpista se produzca en la cabecera de playa abierta por Julio Cobos.

Y era previsible que su primer presa fuese una mujer, Mercedes Marcó del Pont.

Así son ellos de valientes.

Los avances del modelo nacional y popular los ponen al desnudo.

Esta maniobra opositora es propia de la vieja política que hace tiempo tiró su honra a los perros, hipotecando su presente y su futuro al poder económico más concentrado.

Sólo hay que repasar la historia para entender que los que se autodenominan “republicanos” fueron golpistas siempre que tuvieron un mínimo de poder entre las manos.

Además y como se sabe, no hay peor fascista que un gorila asustado.

Habría que grabarlo en las paredes en defensa propia y en resguardo de los intereses populares, brutalmente atropellados en el día de ayer.

La oposición está jugando con fuego.

Actúan con la obscenidad de aquellos que administran una mínima cuota de representatividad política, con la impudicia de los autoritarios que se creen dueños del poder absoluto.

Están mostrando cuán lejos están del republicanismo que decían abrazar.

Pero siempre fueron así.

Invitamos a repasar sus rostros, sus biografías, sus prontuarios.

Son los mismos que condujeron el país a la ruina más grave de la que tengamos memoria.

No es ésta una acusación banal, facilista, reduccionista.

Estamos hablando de Carlos Menem, el “37”, la bolilla que les faltaba, el que privatizó la Argentina y hundió todos los cuchillos a la lealtad y la esperanza popular traicionada.

Hablamos de Adolfo Rodríguez Saa, el fugaz presidente que declaró y festejó el default y el aislamiento del país, ocasionando un daño irreparable a todos los sectores del trabajo y la producción nacional.

Hablamos de la Alianza cívico-radical, de Carrió, Morales y Giustiniani, esa alianza delarruista que terminó de hundir al país en aquel sangriento diciembre de 2001.

Qué distinta hubiese sido la perspectiva y el horizonte para la Nación si los que venían a proponerse sustituir al actual gobierno, representaran un elenco renovado y renovador de la política.

Lejos de esto, representan con nombre y apellido, a la Argentina vieja que creíamos definitivamente sepultada.

Los muertos vivos están a la vista.

Tenga la memoria siempre a mano y úsela, que para eso sirve.

Para saber quién es quién en la historia que por estas horas se está escribiendo.

El golpe palaciego es muy elocuente.

Se amontonaron en una bolsa de gatos, sólo para robarles los espacios institucionales que legítimamente le corresponden al Frente para la Victoria, el bloque ampliamente mayoritario.

Atropellaron todas las tradiciones parlamentarias, negaron olímpicamente la validez del reglamento de la propia Cámara, para ponerle la punta de un fusil a la democracia.

Si usted lee o escucha que la de ayer fue una “derrota kirchnerista” sepa que le están mintiendo.

La verdad es que la oposición en el Senado, en representación del monopolio mediático de Clarín y compañía, le asestó un duro golpe a la ciudadanía toda.

Bertold Brecht, el gran dramaturgo universal, escribió en otras situaciones trágicas para la democracia:

“No os dejéis seducir: no hay retorno alguno. El día está a las puertas, hay ya viento nocturno: no vendrá otra mañana. No os dejéis engañar con que la vida es poco. Bebedla a grandes tragos porque no os bastará cuando hayáis de perderla. No os dejéis consolar. Vuestro tiempo no es mucho. El lodo, a los podridos. La vida es lo más grande: perderla es perder todo”

Dejamos para el final, el grosero error de cálculo de los golpistas palaciegos. A saber:

1. Hay un gobierno democrático que asienta su fortaleza en la representatividad popular y que hunde sus raíces en la historia de este pueblo.
2. El gobierno ejerce su gestión en pleno uso de sus facultades democráticas y constitucionales.
3. En la Argentina, que lo sepan en el Senado, los “comandos civiles” no pasarán nunca más.

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