Avisada por el pueblo, por las encuestas y la evolución económica, de que su futuro eleccionario va a ser la derrota, la oposición no vacila en ensuciar el juego para que el escándalo salpique otra vez a la política. En su clara conciencia del fracaso se empeña con vileza menor y conspirativa, en querer hacer fracasar al Gobierno. Impotente y carente de la posibilidad de generar entusiasmo aspira al desentusiasmo del pueblo entusiasmado. Vaciada de futuro retrocede con nostalgia a aquella vez del “que se vayan todos” cuando fueron sus integrantes quienes se fueron. Y reinstalan la ponzoña del soborno y la coima. Les sobran arrepentidos e hipócritas morales; augures y odiadores. Carrió los desborda como una Moby Dick enfurecida queriendo un naufragio colectivo. La oposición está dañada por el aún caliente duelo popular. Se siente aterrada por el “gran muerto”, que entierra por efecto de succión a políticos opositores que ni vivos están vivos. Y que se rejuntan sin deseo conjunto. Los instiga la intención del desánimo social. Entonces siembran el Congreso de sospechas; embarran las bancas y enlodan sus mandatos democráticos rebajándose a si mismos con tal de arrastrar a los que los superan en tamaño. Lo diminuto del papel de los opositores – a sabiendas de su ya probado fatalismo secundario- es pretender gobernar con artimañas legislativas y la concentrada complicidad mediática a un país que eligió su gobierno. Un extraño fenómeno de amasijo los compacta. Y aún asqueados sus miembros entre sí, buscan la destrucción del plan nacional y popular que tan esforzadamente se va construyendo. El presupuesto los “saca”: no sea cosa que el reparto y la distribución social que se plantea siga alentando aprobaciones que ellos no consiguen. Con tal de medrar con el escándalo hacen canibalismo con la política que generosa e inmerecidamente los contiene. Hay diputadas trémulas que se agitan virginales fantaseando que quieren corromperlas con mensajitos. Y hay radicales, ex peronistas y otras tendencias fútiles que ansiosos de vedettismo se aprovechan del despelote para que cunda. Y enchastre al Gobierno. Por eso alborotan el gallinero del Congreso como si hubiera entrado una serpiente. Y cacarean una “Banelco” trucha. Pero cómo creerles a gallinas infértiles que nunca ponen huevos.

Anuncios