El consejo directivo en pleno de la CGT alista los engranajes de la maquinaria sindical para debatir y adoptar decisiones en torno de la situación política nacional.

Por Adolfo Rocasalbas

El gobierno nacional prepara el lanzamiento de una fuerte campaña oficial para demostrar a propios y extraños la necesidad de reconvertir los convenios colectivos; reducir costos y aportes patronales para generar empleo y atraer inversiones genuinas; producir un blanqueo o regularización laboral e instalar un nuevo sistema de pasantías, entre otros temas que provocan escozor en el mundo obrero.

Ese primer encuentro de consejo directivo del año “se realizará casi con seguridad el jueves 2 de febrero” próximo, según admitieron la semana anterior a Télam varios dirigentes gremiales, quienes señalaron que “habrá algunos debates escabrosos, en especial respecto del incumplimiento total del sector empresario a los acuerdos antidespidos firmados en la Mesa del Diálogo”.

La conducción obrera que representa el triunvirato integrado por Juan Carlos Schmid, Héctor Daer y Carlos Acuña mira de reojo la propuesta oficial de producir cambios en los convenios colectivos y, en general, estudia desconfiada toda la estrategia que el Ejecutivo lanzó con firmeza para reconvertir el mercado laboral.

Las perspectivas para el año que se inició “no son positivas, si se tiene en cuenta la realidad del empleo y la política patronal de despidos, que no cesa y que el gobierno tampoco frena, pero la CGT extremará la posibilidad de diálogo hasta la última instancia porque tampoco está dispuesta a convertir el país en una caldera sin salida”, puntualizó a Télam un encumbrado referente gremial.

Para el sindicalismo, esa parece ser la línea a desarrollar en 2017, en la que tendrá notoria influencia el análisis y comparación de la situación internacional y del mercado del trabajo global con la propia realidad y posibilidades nacionales.

La central obrera machaca de forma insistente en la defensa de los convenios colectivos y la libre discusión paritaria ante un proceso inflacionario que también evalúa con desconfianza, y rechaza y critica los despidos y las iniciativas laborales oficiales, pero no parece dispuesta a decidir “quemar las naves”.

Los sectores de las tres ex CGT que integraron el consejo directivo a partir del 22 de agosto último debaten a fondo y proponen estrategias para negociar con el Ejecutivo iniciativas que contemplen al movimiento obrero en las decisiones nacionales; se oponen a consagrar sin discusiones de fondo lo que consideran “antisindical” y evalúan pasos a seguir que, sin producir un quiebre total, amaine una ofensiva laboral oficial que, aunque prevista en sus cálculos, no deja de sorprenderlos.

Los petroleros se avinieron a modificar o sumar a su convenio colectivo condiciones laborales de explotación del crudo en el sector no convencional; existen perspectivas de continuar esos pasos en los sectores metalmecánico, de computación y construcción y ya comenzó ese diálogo también con los capitanes de ultramar.

Nada hace prever que será sencillo, pero el Gobierno avanza y, hasta ahora, la CGT no definió una estrategia conjunta que logre frenar iniciativas que, de concretarse, modificarán de manera profunda el mapa laboral y la estructura del movimiento gremial.

La central obrera, por iniciativa propia o presión de las bases de sus sindicatos, deberá definir en ese primer encuentro de consejo directivo del año una política, que tendrá que instalar en la llamada Mesa de Diálogo para la Producción y el Trabajo.

El triunviro Juan Carlos Schmid es uno de los más firmes defensores de la estructura de los actuales convenios colectivos, pero varios gremios ya comenzaron un diálogo propio y unilateral con los funcionarios del Gobierno para producir “aggiornamientos”.

Las principales críticas y rechazos obreros apuntan al sector empresario -en especial por los incesantes despidos-, a tal punto que no pocos dirigentes calificaron a esa Mesa de Diálogo como una “pantomima” y ya se atrevieron a denostarla por “inconducente”.

Otros apuestan al diálogo hasta “sus últimas consecuencias” pero, a la par, exigen al Ejecutivo que cumpla su rol de mediador.

Ante esa realidad y las perspectivas de un año que “será activo y conflictivo”, según algunos referentes gremiales, las reacciones en los sectores sindicales que no integraron en agosto la conducción de la CGT son diversas y ampliamente “críticas”.

La Corriente Federal de Trabajadores (CFT) que integran bancarios, lecheros, televisión, pilotos de líneas aéreas, molineros, docentes privados y otras organizaciones, critica por lo bajo el accionar de la CGT y ya advirtió que de continuar la actual política económica “el país se encaminará a la quiebra”.

Los setenta gremios que integran las 62 Organizaciones Gremiales Peronistas del rural y estibador Gerónimo Venegas respaldan al Gobierno nacional -el dirigente es el principal referente del partido Fe en la alianza Cambiemos- y su pelea está encaminada más a que las autoridades laborales o la justicia declare ilegítimo el Congreso Normalizador de agosto último y convoque a un nuevo encuentro para producir “la verdadera unidad sindical”.

Las más de cincuenta organizaciones gremiales que integran el Movimiento de Acción Sindical Argentino (MASA) del taxista Jorge Viviani y el ferroviario Sergio Sasia -en su momento propuesto como único conductor de la CGT- mantienen enhiestas las banderas de su propio programa político-sindical y no comulgan con la conducción de la central obrera ante “la ausencia total de debate respecto de una agenda que debe ser eje del movimiento gremial”.

Son muchos los gremios que quedaron afuera de la CGT ante un panorama nacional y sindical aún no definido y perspectivas de conflictividad en un año que, además, será netamente electoral.

Para las Centrales de los Trabajadores Argentinos (CTA) y Autónoma (CTAA) de Hugo Yasky y Pablo Micheli “las perspectivas de 2017 son decididamente desalentadoras y ominosas”, por lo que afirmaron que ya trabajan en un realineamiento de fuerzas a partir del diálogo con sindicatos de todas las centrales obreras.

La CGT deberá atender en 2017 otro frente no menos importante: la contención de los movimientos sociales que, en una inédita conjunción histórica, lograron ingresar y participar en la central obrera a partir de un acuerdo directo entre ambos sectores, en especial por la influencia del ladrillero Luis Cáceres, uno de los principales referentes del Movimiento Evita.

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