La presentó una diputada e impide las reelecciones en los gremios. El recordado fracaso de los 80.

Como en los albores del retorno democrático, la UCR rechazó el paro de la CGT de este jueves y anunció un proyecto de ley para limitar el poder de los jefes sindicales, similar al que redactó y no pudo sancionar Antonio Mucci, ex ministro de Trabajo de Raúl Alfonsín,

La encargada de presentarlo fue la diputada cordobesa Soledad Carrizo, pero no estuvo sola: Como en pocos temas, los diputados radicales se unieron para despotricar a los líderes sindicales.

“Si el PJ gobierna, hay dirigencia sindical que toma sedantes. Si gobierna otro, toman anabólicos y tratan de empujarlo. Invocan la pobreza que dejaron”, afirmó Mario Negri, jefe del interbloque Cambiemos.

Carrizo propuso limitar las reelecciones de los jefes sindicales para que los gremios “vuelvan a tener democracia interna” y sumen la “legitimidad que han ido perdiendo por sostener prácticas y metodologías viejas, entre ellas la de perpetuar en la conducción a las mismas personas durante décadas”.

El proyecto propone modificar la ley 23551 de 1988, la única reforma sindical que Alfonsín pudo aprobar durante su gestión y que según Carrizo quedó a mitad de camino.

El ex presidente radical venía de fracasar en el Congreso con la ley promovida por su ministro de Trabajo, que proponía renovar la totalidad de las autoridades sindicales, incorporar minorías y fiscalizar estatal para los comicios sindicales.

En aquel entonces, la mayoría radical la aprobó en Diputados pero el PJ hizo valer su dominio del Senado para rechazarla, en una histórica muestra de poder del sindicalismo.

Con minoría en ambas Cámaras, los radicales pidieron hoy retomar esa historia, aun cuando temprano supieron que el ministro Jorge Triaca había atacado a la CGT con una resolución para transparentar las elecciones sindicales, con exigencias como no presentar candidatos “inhibidos” judicialmente y ampliar el cupo femenino.

La unidad radical con este tema la ratificó Ricardo Alfonsín, uno de los diputados más reacios a seguir la agenda de la Casa Rosada, pero que no pudo evitar sentir en la piel las consecuencias de un país paralizado.

“El problema de los trabajadores no lo resuelve ni una huelga ni tampoco puede hacerlo el Gobierno por sí solo. Es una necesaria la contribución de un tercer actor: el empresariado”.

“Es necesario institucionalizar el Consejo Económico y Social. Solo el diálogo entre los trabajadores, la política, y el empresariado permitirá hallar los acuerdos que permitan la superación de las dificultades económicas y sociales heredadas”, concluyó Alfonsín.

El santafesino Mario Barletta fue más duro. “Hay algunos dirigentes gremiales que durante 12 años no abrieron la boca y fueron a aplaudir a la Casa Rosada y ahora salen como los grandes defensores de los trabajadores. Gran parte de los gremialistas son una mafia; sólo se preocupan por hacer caja”.

Luis Petri, quien llegó a diputado de la mano de Julio Cobos, volvió a ser el radical más macrista y habló de conspiración: “En los dos últimos meses el empleo está creciendo y la economía se está recuperando. El sindicalismo argentino, quiere que al gobierno le vaya mal. Este paro demuestra disconformidad, la cuestión es si hay razones objetivas para hacerlo”, denunció.

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