El Gobierno dice que incrementará la inversión en el servicio ferroviario, un medio de transporte vital para la comunicación y la economía de los pueblos. ¿Es posible volver a tener un sistema que permita recuperar el desarrollo poblacional y poner en competencia las economías regionales? La opinión de los especialistas y el plan multimodal.

 

De Ushuaia a La Quiaca hay diferentes tipos de distancias y de tiempos. Pero la medida que separa al punto más austral del país de la zona más al norte es una. Lo que varía es el medio de transporte. La ruta ferroviaria, aérea o terrestre. Lo que lleva y trae. Lo que está en el medio: un país. Con sus parecidos y sus diferencias.

En cada tramo hay un lugar. Un territorio poblado que con el correr de los años se asentó y que también desapareció. Las causas a enumerar podrían ser varias, pero las consecuencias suelen ser más directas. El desarraigo, es aquello que se siente, pero que no se tiene. La pérdida de una identidad. El hecho de dejar de pertenecer.

Uno de los principales beneficios del tren fue, es y será la comunicación. La unión de una o varias partes. Lo que conecta. Desde que Argentina sufrió la última de las tres grandes debacles ferroviarias, en 1991, sólo hubo algunos indicios de recuperación, pero no se llevó a cabo una reactivación de un medio de transporte que no sólo mejora la calidad de vida sino que ofrece una variable económica a la competitividad.

Según dio a conocer, el Gobierno tiene pensando apostar a la red ferroviaria con el fin de recuperar aunque sea una parte minúscula de aquel auge que llevó a Argentina a concentrar el 50% de los servicios ferroviarios de América latina durante sus mejores épocas. ¿Pero realmente es posible? Fabio Quetglas, diputado nacional por la provincia de Buenos Aires y especialista en desarrollo territorial, asegura que “el Gobierno tiene una estrategia ferroviaria. Está aumentando la inversión en concreto. Estamos volviendo con una mirada que prioriza la carga, como ha pasado en otros países de características similares al nuestro. Con la intención, también, de reactivar los servicios en lugares turísticos”.

Eso sí, agrega que para llevar acabo esto “la Argentina necesita una estrategia de conectividad ferroviaria integrada a una estrategia de desarrollo territorial. Que no significa reeditar lo que tuvo porque a lo largo de estos años la dinámica económica y sociodemográfica plantea nuevos desafíos y requerimientos en formas de conexión y servicios. Por eso hay un aumento de las autovías y de las low cost. En esa línea, el tren debe cumplir una parte de esa estrategia integrada a la conectividad”.

Allá lejos. Durante muchos años el tren fue la principal vía para conectar a los diferentes pueblos del país. Hoy la imagen parece parte de un pasado lejano. 

Para el diputado, el nivel de optimismo es alto: “En los próximos años nos vamos a dar cuenta de que tenemos conectadas las principales ciudades del país con servicios menores de los que teníamos en los 60, pero complementarios a los servicios aéreos y de buses. Se va a poder elegir y esa competencia va a ser positiva para el ciudadano”.

El tren regula. En todo el sentido de su palabra. Y en la economía es un factor trascendental. Pero qué pasa con aquellas localidades que se vieron afectadas por los diferentes cierres. Con aquellas estaciones que no volvieron a abrir y que dejaron al descubierto una problemática que va más allá y que tiene que ver, una vez más, con las autonomías regionales. Hernán Ralinqueo es intendente de 25 de Mayo, un distrito con una extensión territorial de 200 km (que es atravesado por el ramal Roca). Según su opinión “los grandes perjudicados siempre terminan siendo los de interior. Contar con un servicio de ferrocarril de pasajeros es importante para pensar en el arraigo de las familias. Hay que trabajar en generar condiciones para que puedan desarrollarse. Es difícil cuando no tenés servicios. Y, principalmente, cuando ya no contás con ese tren que bajó la frecuencia y que ahora ya desapareció. Es hora de pensar que el tren tendría que ser una política, no de gasto sino de inversión”.

La situación de 25 de Mayo no es la única. La gran mayoría de las localidades bonaerenses están tan atravesadas por las vías como por el propio conflicto que provoca que el tren no se haga presente. Ya hay decenas de pueblos desaparecidos o con peligro de sobrevivencia.

Un conocedor de la materia prefiere no opinar al respecto, pero sí deja un concepto claro: “Hay que dejar de llorar sobre la leche derramada. Dejamos de ser ese país rico y el servicio ferroviario pasó a ser insostenible porque no vive nadie en los pueblos. La queja de que no pasa el ferrocarril es de 10 personas. Y es una barbaridad. No hay lugar en el mundo que tenga un tren para conectar a un pueblo de 800 personas con uno de 1300. Si los ricos no lo pueden tener, Argentina tampoco”.

Alex Vallega, licenciado en ciencias políticas y experto en trenes patagónicos, tiene una analogía al respecto. “Cuando en el interior los campos son abandonados, quedan a cargo de los capataces cuando estos también se van, dejan a cargo a los peones. Y para el hombre común es muy difícil defender los intereses que no son los propios. Si hubiese habido una presión más fuerte, con mayor presencia, el último gran golpe a los trenes en el 91 no hubiese sido tan fácil. En ese momento había un interior débil y por eso no se supo defender”.

La del 91 fue la última de las grandes debacles sufridas por el sistema ferroviario argentino. Y las tres contaron con una gran particularidad. Lo explica Vallega. “En el 61 el presidente era Arturo Frondizi, un exradical que tenía como economistas a Roberto Alemann y Álvaro Alsogaray. En el 78, el que estaba a cargo del país era Rafael Videla y su ministro de Economía era José Alfredo Martínez de Hoz. ¿Quién estaba con Carlos Menem en el último golpe? Domingo Cavallo. Tres extractos políticos diferentes: un radical, un militar y un peronista. Pero con una particularidad: una continuidad en la línea de los economistas. Esa correlación y la desaparición de la figura del ministro de Transporte como alguien de peso dice mucho”

Pesado y olvidado. La localidad de Heavy en La Pampa es una de las tantas por las que dejó de pasar el ferrocarril. Una acción que produjo un retroceso en el desarrollo poblacional.

“Ramal que para, ramal que cierra”. La frase de Menem quedó en la historia y tuvo que ver con la última gran crisis. Una destrucción que tuvo diferentes etapas y que llevó a que cientos de pueblos vayan perdiendo la capacidad de prosperar. De desarrollarse por sus propios medios.

Lo que siguió tuvo que ver con una serie de políticas desde donde surgió la figura de Hugo Moyano como principal opositor desde los gremios. “No es curioso que todo vaya sobre ruedas”, dice Vallegas. Y agrega que “hasta 2004 había un tren en Neuquén al que se lo dio de baja por peligroso. ¿Acaso el mismo fósforo que se traslada por ruta no lo es? Son excusas. El problema es que no se ocupen los roles y que aún hoy un gremialista siga teniendo injerencia en la política de transporte”.

Lo cierto es que luego de la instalación de los camiones como principal fuente de carga, la pelea entre Néstor Kirchner y Hugo Moyano, y la continuidad del conflicto con Cristina, provocó un revival en los trenes. Tanto que la figura del entonces ministro de Transporte, Florencio Randazzo llegó a picar en punta en las encuestas que lo posicionaban como gran favorito a quedarse con la gobernación en 2015. Algo que, como se sabe, el hombre de Chivilcoy declinó.

Vallegas aporta más. “Entiendo que este gobierno tenga la intención de hacerlo, pero no sé si lo logrará. Se ve la obra pública, pero los trenes no tienen frecuencia. Se necesita un tren que llegue a Córdoba en 9 horas desde Buenos Aires, que el tren de Mar del Plata tenga sentido. Pero alguien lo impide. El tren tiene un precio regulador. Y eso no les conviene a muchos porque empuja a bajar”.

En lo concreto, el tren perdió terreno en todos los países. La comparativa con Europa califica como un absurdo si se tienen en cuenta las distancias. Pero en relación a países como Canada, India, Rusia, Estados Unidos o Australia, el achique se llevó adelante con la presencia de un encargado de transporte que aplicó de inmediato las diferentes vías para consolidar la idea de un servicio multimodal.

En la actualidad el tren no parece tener las vías de comunicación necesarias para poder seguir cumpliendo con alguna de las necesidades básicas de la población. Resta saber si la intención del Gobierno se convertirá en realidad y si el sistema ferroviario tendrá la oportunidad de poder volver a brillar como antaño.

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